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Emergencia climática y ciudadanía: qué nos mueve (y qué nos frena)
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1La población española reporta unos niveles altos de percepción de la gravedad del cambio climático (4,05 sobre 5). Sin embargo, tanto su preocupación por la crisis climática como su conducta a favor del medio ambiente alcanzan unos niveles medios (3,4 y 3,5 sobre 5, respectivamente). En este sentido, la percepción de la gravedad climática explica únicamente un 13,3% de la conducta proambiental.
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2En relación con las emociones, un 44% de los encuestados sienten unos niveles altos de ira por la situación climática. Asimismo, un 28% de la población declara sentir ecoansiedad de manera muy intensa ante los escasos avances logrados en la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, un 33% manifiesta un elevado hartazgo climático, al considerar que la sobreabundancia de información genera una histeria climática infundada.
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3En cuanto al género, se han reportado unos niveles ligeramente más altos de tristeza, culpa y conducta proambiental en las mujeres que en los hombres.
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4En cuanto a la edad, a medida que esta aumenta, se observa una mayor intensidad emocional de ira y tristeza, una mayor sensación de agencia climática y una conducta sostenible más frecuente.
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5La agencia climática y la ecopreocupación son las variables que mejor explican la conducta proambiental, en un 35,9% y 17,7%, respectivamente, muy por encima de la ira o la percepción de la gravedad climática.
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6Existe una relación positiva entre la conducta proambiental y la satisfacción con la vida. No obstante, un 22% de la población afirma que sus condiciones de vida son tan difíciles que no puede preocuparse por los asuntos relacionados con la crisis climática.


